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Violencia afectó a 100 millones de mexicanos: Índice de Paz México

XEU Mié, 11 de Abr 2018 10:50 AM nacional
México debe concentrarse en reformar, más que en uso de la fuerza del gobierno, señala el índice de Paz México.
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El índice de Paz México destaca que “después de dos años de la escalada de la violencia, y por primera vez en 20 años, la tasa de homicidios de México en 2017 superó la de 2011, antes considerado como el punto máximo de la guerra contra el narcotráfico, lo que lo convirtió en el año más violento en dos décadas.

Da a conocer que la violencia costó a México un 21 por ciento del PIB en 2017, según el Índice de Paz y destaca que dicho monto equivale a ocho veces la inversión pública en salud y siete veces la inversión en educación en 2017 a nivel nacional.

Refiere que “la guerra contra las drogas alcanzó un nuevo nivel. Los cárteles se fragmentaron a medida que se neutralizó a los líderes, surgieron nuevos grupos criminales y la violencia se extendió por toda la costa del Pacífico”.

Sin embargo, menciona que por primera vez, los resultados del Índice de Paz México 2018 arrojan una nueva conclusión: “La guerra contra las drogas no representa ya el panorama completo. En la actualidad México afronta un colapso en el nivel de paz que afecta a la sociedad en general y en todos sus ámbitos. El país es menos seguro para la población en general, por razones que sólo ellos pueden resolver”.

Informa que “en 2017, 25 de 32 estados experimentaron un deterioro del nivel de paz, afectando los hogares y lugares de origen de más de 100 millones de personas. La tasa nacional de delitos con violencia subió 15 por ciento el año pasado, con incrementos en los asaltos, los robos y la violencia sexual. La tasa mensual de violencia en la familia escaló 32 por ciento en los últimos tres años. Puesto que la violencia doméstica y la violencia fuera del hogar van de la mano, los tiroteos en las calles ya no son el único problema de paz en México”.

En cuanto a violencia intrafamiliar, revela que de enero 2015 a diciembre 2017, “las tasas mensuales de violencia intrafamiliar se elevaron 32 por ciento de enero de 2015 a diciembre de 2017”.

Destaca que “en vísperas de las elecciones de 2018, el país tiene que mirar hacia delante de una nueva forma. México ha enfrentado a la violencia organizada con mano dura, pero en muchos sentidos, la verdadera solución reside en tenderse la mano mutuamente”.

Subraya que “la paz representa un delicado equilibrio, después de que la tasa nacional de homicidios llegó a un punto máximo en 2011, parecía que México estaba bien encaminado para recuperarse de los peores efectos de la guerra contra las drogas. No obstante, en 2015, la violencia empezó a incrementarse de nuevo y se apreció con claridad que dicha guerra no se había ganado. Los desequilibrios sociales atraparon a México en un ciclo de violencia, para salir del cual se requiere adoptar un enfoque totalmente nuevo hacia la paz y la seguridad.

Y es que refiere que “los desequilibrios sociales atraparon a México en un ciclo de violencia, para salir del cual se requiere adoptar un enfoque totalmente nuevo hacia la paz y la seguridad”.

Establece que “México es una economía fuerte y un actor relevante en la escena mundial. Sus abundantes recursos; su gran fuerza de trabajo, cada vez más calificada, y su infraestructura en proceso de modernización han impulsado el progreso de la nación y elevado el nivel de vida de millones de personas. Pero, así como se ha simplificado la apertura y la administración de una empresa, se cuenta con mejores carreteras, mayores explotaciones agrícolas y una banca moderna, también se ha facilitado la operación de otros tipos de negocio: negocios ilegales y, a menudo, violentos. Décadas de corrupción y de un débil Estado de derecho han permitido que la economía ilegal florezca, hasta alcanzar un monto de 77.6 mil millones de dólares”.

Compara el “lado oscuro del éxito económico de México refleja un peligroso desequilibrio en la paz positiva, es decir, el conjunto de actitudes, instituciones y estructuras que mantienen bajos los niveles de violencia y segura a la población. La prosperidad económica es un pilar fundamental, pero las sociedades más pacíficas del mundo nunca dependen de un solo factor determinante de su éxito. El concepto de paz positiva es sistémico: requiere resiliencia generalizada y profundamente arraigada, en por lo menos ocho dimensiones. En la actualidad, México tiene buenas calificaciones en cinco de ellas, pero las deficiencias en las otras dimensiones, y las diferencias con respecto al resto, han fomentado la creciente violencia hasta ahora y representan riesgos para el futuro”.

Al revertir la tendencia, señala, “durante décadas, el país ha afrontado un gran reto y lo ha abordado con una gran respuesta. La guerra de Calderón contra las drogas se concibió como la solución definitiva de política pública. Peña Nieto convocó a un cambio, pero continuó lo que supuestamente sería la depuración final: acabar con 107 delincuentes de alto perfil para mediados de 2017. Y, a medida que el gobierno federal atacaba a los líderes, la violencia se esparció por todo el país. Mientras tanto, no se realizaron las tareas requeridas a nivel de base para construir y sostener la paz de manera plena y efectiva”.

Refiere que “ganar la guerra contra las drogas” no es un objetivo de política viable para construir la paz, al señalar que “la violencia en México de ninguna manera es un hecho inevitable, pero la reciente investigación relativa al tema muestra que revertir la tendencia de deterioro del nivel de paz dependerá de un enfoque integral, en sentido descendente y ascendente. “Ganar la guerra contra las drogas” no es un objetivo de política viable para construir la paz. Un marco eficaz de construcción de la paz tendrá que analizar múltiples dinámicas y la manera cómo interactúan. En sentido descendente, es preciso que cada nivel de gobierno se centre en reformar más que en aplicar la fuerza. En el sentido ascendente, es necesario que las comunidades, la sociedad civil y los gobiernos municipales mejoren la cohesión social, el libre flujo de información y el Estado de derecho”.

Señala que “en algunos lugares de México se ha contenido la propagación de la violencia y se ha mantenido seguros a los ciudadanos pese al deterioro de la paz experimentado en todo el país. En términos generales, se trata de localidades en las que las personas han trabajado para lograrlo en colaboración con sus vecinos, con sus hijos y con sus fuerzas policiales y sus tribunales de justicia. En las comunidades que reportan haber cooperado para resolver sus problemas, las tasas de robo son menores, en tanto que aquellas que declaran tener confianza en sus jueces tienen menores tasas de delitos con violencia. En conjunto, el número de personas que dicen participar en iniciativas comunitarias y estar dispuestas a trabajar con las fuerzas policiales ha ido en aumento.

Subraya que desde 2013, el porcentaje de mexicanos que cooperan para resolver problemas comunitarios y aquellos que informan un alto nivel de confianza en su comunidad ha ido en aumento.

En algunos lugares de México se ha contenido la propagación de la violencia y se ha mantenido seguros a los ciudadanos pese al deterioro de la paz experimentado en todo el país, no obstante, menciona: “Ningún marco de política pública de seguridad estará completo si no contempla tanto la paz negativa como la positiva”.

Agrega que, sin embargo, la corrupción y la impunidad debilitan la confianza entre los ciudadanos y la confianza en el gobierno, y este deterioro contribuye a la violencia. En 2017, sólo 18 por ciento de los mexicanos dijeron tener un alto nivel de confianza en las instituciones de seguridad pública y sólo 7 por ciento dijo tenerla en la policía municipal.

Considera: “Es factible encontrar el camino hacia la paz a partir de lo que sabemos por la experiencia mexicana y lo que hemos aprendido de los países más pacíficos del planeta. En democracias muy pacíficas, la participación ciudadana no sólo es importante a nivel comunitario; una cultura de transparencia, debate y rendición de cuentas es el sustento de una política pública exitosa. En México en 2018, eso significa votar y hacer saber a los partidos políticos sobre qué aspectos se les exigirán cuentas”.

Asegura que “Ningún marco de política pública de seguridad estará completo si no contempla tanto la paz negativa como la positiva. México requiere aplicar respuestas eficaces a diferentes tipos de violencia. Por ejemplo, el aumento en la violencia con armas de fuego representa una amenaza inmediata para la seguridad de los ciudadanos, pero cabe señalar que la extorsión y el secuestro no necesariamente acompañan a la violencia con armas de fuego y el homicidio. Se requerirán diferentes respuestas de política pública para los diferentes delitos”.

Las comunidades tendrán que tomar la iniciativa y los candidatos y funcionarios electos, desde el nivel local hasta el federal, deberán seguir la pauta: “La interacción entre todos estos factores es la conclusión fundamental del análisis sistémico de la paz: la aplicación de la ley por parte de las fuerzas militares no es una solución de política adecuada porque la paz positiva y la paz negativa deben trabajar en conjunto. Las comunidades tendrán que tomar la iniciativa y los candidatos y funcionarios electos, desde el nivel local hasta el federal, deberán seguir la pauta”.

Consideradas en conjunto, las conclusiones del IPM 2018 indican que un marco de seguridad pública y paz integral e integrado requiere, cuando menos, de los siguientes aspectos: “Reducir la corrupción y la impunidad. Desarrollar la capacidad institucional junto con la transparencia y la rendición de cuentas. Proteger a los jóvenes. Proteger los espacios públicos. Crear confianza al demostrar los avances logrados. Hacer frente a la dinámica específica subyacente a la violencia con armas de fuego, el comercio ilegal, la extorsión, el secuestro y las distintas formas de homicidio. Concentrarse en reformar, más que en el uso de la fuerza por parte del gobierno”.


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